5 nov. 2011

Noche eterna



Y estaba allí de pie, contemplando el horizonte a altas horas de la noche sin distinguir la línea que separa el cielo del mar, viendo nacer las olas  en mitad de la oscuridad y notando las morir en sus descalzos pies.
Había sido un día gris, la lluvia había calado hasta sus huesos, pero no le importaba, solo tenía en mente una cosa, y era la belleza que aquella playa abandonada le mostraba hoy.
El único brillo que se reflejaba en las turbias aguas pertenecía al faro que de vez en cuando funcionaba para mantener el recuerdo de lo que antaño fue.
No se sabía quien estaba al cargo de sus cuidados, pero dudas no habían de que fuere quien fuera, hacia un buen trabajo.
Con la mente ausente y volando la imaginación, era capaz de presenciar como un buque de guerra sin velas danzaba sobre la mar, luchando por sobrevivir en mitad de una tormenta inexistente.
En un solo instante, esas visiones desaparecieron, para en su lugar,  hacer surgir desde las profundidades  infinidad de seres tan hermosos como horribles que estremecían su cuerpo, sirenas que saltaban cual delfines, huyendo de las feroces sacudidas que producían tentáculos de tamaño desmesurado, que sospechaba pertenecían a un Kraken, o tal vez a los seres que hacía tiempo había leído en un libro oscuro, los cuales adoraba por su magnificencia, o quien sabia, a lo mejor solo eran serpientes marinas; pero si algo sabia seguro, es que jamás podría averiguarlo, pues al parpadear todo se desvaneció. Ahora solo existían las olas que era incapaz de entrever sin la parpadeante luz de ese faro fantasmal.
Dos vueltas completas habría dado la bombilla hasta volver a impregnar su figura con su brillo, antes de que pudiera contemplar nuevos escenarios que jugaran sobre el agua. Por un momento se había olvidado de existir, su respiración se pauso al compás de sus latidos, unos latidos que susurraban en su pecho sin fuerza para bombear más que la cantidad suficiente de sangre para no dejar su cuerpo inerte.
Había vuelto a pensar, su mente resucitó y con ella su recuerdo.

-   ¿Por qué ha regresado a mí, su recuerdo?

No hacía más de 4 horas que se había despedido, y ahora, en esta paz, sentía la necesidad de volver a entablar una conversación, tan profunda como la noche.

- Si tan solo pudiera estar aquí en su compañía, y mostrarle los maravillosos mundos que encierro en mi cabeza…

Estalló sin previo aviso en mitad del mar, o tal vez en mitad del cielo, fuegos artificiales que dibujaban sin colores otros seres imaginarios que volaban con más fuerza que nunca por escapar de su mente y ser libres bajo las estrellas: Dragones, Grifos, Basiliscos, Quimeras …  todo lo que alguna vez había leído o escuchado, cobró vida ante sus ojos, en una armonía casi perfecta.
No pudo evitar sonreír, como tampoco pudo controlar las lágrimas que recorrieron su rostro, cuando notó como unos dedos se abrían paso por su mano, para cogerla con una fuerte dulzura.

-          -  Lo que daría ahora mismo porque fueras real,  por notar el calor que tus manos efímeras no pueden darme, por mirar tus ojos y poder ver otra vez esa expresión llena de profundidad, mientras pensabas mil probabilidades a la par que nada interrumpía tu silencio …

-          -    Soy real, estoy a tu lado.  Deja de negarte lo que tienes a tu alcance, deja de temer lo que puedas perder.

Sin preguntarse de donde procedía esa voz, pues en su subconsciente lo sabía con total exactitud, emprendió a caminar entre piratas y esqueletos que luchaban en la arena en busca de tesoros, entre el fuego de Dragones enfrentados por las gemas preciosas de la cueva marina, entre sirenas que trataban de confundir su voluntad con los cánticos más bellos que nunca hubiera escuchado anteriormente, entre todo lo que su mente ponía en su camino para minar su fuerza, para obligar a retroceder esos pasos que se adentraban en el agua sin temor al frío o la violencia de las olas  

-          - “si sigues vas a terminar sumergiéndote en la pena, la mar es preciosa, pero también es una fuerte enemiga, no saldrás con vida de aquí.”
-         
-    No sé cuánto me va a costar cruzar, ni que deberé llegar a realizar, pero algo tengo seguro, tengo el tiempo de mi lado.  No retrocederé hasta que esta noche eterna, hasta que ese faro que me guía se apague, y pueda ver por fin otro amanecer.

Solo cerrando los ojos

Tic tac escucho el reloj
desde el otro extremo de la habitación.

Puedo encontrarme con tu alma,
                más allá de esta realidad.
Puedo soñar despierta con tu voz,
                 mientras le susurras al corazón,
                 palabras que todavía no se han inventado.
Puedo imaginarte conmigo,
                 en tierras infinitas cruzadas por un mar de fantasías,
                 que aun no se han creado.
Puedo tocarte más allá del cuerpo que existe a mi lado.
Puedo oler en ti fragancias que no se han analizado.
Puedo verte de mil formas en un instante.
Puedo tenerte en un instante.
Puedo en un instante...

Siempre que cierre los ojos,
puedo encontrarte, soñarte, imaginarte, tocarte, olerte, verte y tenerte...
en un instante,
solo cerrando los ojos...