31 ene. 2012

La vida de Alistair: Una ojeada al pasado


Al volver de un paseo matutino, rodeando las ruinas de lo que antaño fue un castillo, sin apenas saludar a quienes estuviesen por casa, entré sin avisar a mi dormitorio. Me alegro de haber allanado la privacidad de Vitorja, ya que la encontré llorando frente a la pantalla del ordenador, el cual mostraba un documento lleno de frases en colores, que no reparé en leer.

Traté de consolarla, pero no pude preguntarle nada, mi voz no surgió con la fuerza necesaria para hacer vibrar mis cuerdas, mientras ella al verme se abalanzó sobre mi pecho rodeándome con sus brazos, aferrándose de tal modo que casi nos hace caer a los dos.

Quedé sentado en el borde de la cama, mientras ella, arrodillada en el suelo, (seguro que de modo incómodo), seguía sollozando. La abracé, acariciándole la cabeza, sin saber que decirle, y aproveché para ojear lo que había escrito en la pantalla. En aquel momento no me importó violar su intimidad, estaba convencido de que aquello era el motivo de su preocupación. 

Por suerte o por desgracia, estaba en lo cierto.

Aquel texto era una antigua conversación de confidencias con una de sus mejores amigas por aquel entonces, y razón no le faltaba para llorar, aquel texto estaba escrito con tanto sentimiento, tantas declaraciones que más tarde se vieron alteradas por sucesos externos a ellas que incluso a mi me anudaron el estomago.

La arrimé aún más a mí si se podía. El silencio del dormitorio lo era todo para nosotros dos en ese espacio de tiempo que no se cuanto duró; podía escuchar mi pulso hasta en las yemas de mis dedos, que no se separaban para nada de mi apenada hermana.  

Aproveché la ocasión para recordarla. Coral es su nombre, esa chica que hacia un par de años atrás dejó de dar señales de vida.  Vino a mí, uno de los momentos más intensos a su lado, estábamos Coral, Vitorja, unos “amigos” más, y yo, pasando un día completo en unas murallas a lo alto de la montaña a las afueras de la ciudad, cargados con mochilas, ropa cómoda, y ganas de hacer de aquel día un día inolvidable. Desde luego logramos que fuera inolvidable, corriendo de un lado a otro, cazándonos,  escondiéndonos en cualquier rincón que nos llamase la atención, por donde sabíamos que pasaría alguien a quien poder asustar.
Una amplia sesión de fotos, después de una reconfortante comida que nos reactivó llenándonos de nuevas energías, y una vez acabada la sesión,  seguíamos riéndonos haciendo el payaso de un modo espectacular, mientras que en una de esas, nos sorprendió ver, como a pocos metros de nosotros empezaron a  hacerse fotos unos chicos ataviados con gabardinas y  con sus instrumentos a cuestas, ¡Eso sí era una sesión fotográfica! Teníamos a escasos pasos una banda metalera, y en decisión unánime, nos acobardamos y tan siquiera preguntamos su nombre… Hubiese sido interesante conocerlos.

El día terminó con nosotros mirando el anochecer sentados en lo más alto de la muralla. El sol, ya ausente, quemaba las nubes en un intenso rojo que aprovecharon las únicas chicas del grupo (Coral y Vitorja) para tener una guerra de cámaras. (Que decir, que si no hubiese sido por ellas, no habríamos podido tener una retahíla de recuerdos impresos en papel  realmente asombrosa).

Sin darme cuenta,  terminé mojando mis mejillas en lágrimas silenciosas, que conseguí evitar que viera Vitorja, que en el transcurso de mis recuerdos había quedado más tranquila, y ya nos encontrábamos los dos sentados, uno al lado del otro, sin mediar palabra, pues sobraban. Hacía tiempo que no compartía un rato a solas con ella.

A pesar que solo soy mayor por unos minutos, somos muy distintos, no tanto como la noche al día, pero si lo suficiente para ser totalmente necesarios el uno para el otro; podría decirse que somos complementarios.

Utilizamos la ocasión para recordar cómo hacíamos las cosas de niños, como la protegía, como me enseñaba a conquistar a las chicas, como le enseñaba a ser un poco más fría hacia las cosas, y como ella me enseñaba a mi a no serlo tanto...

A veces también teníamos estos lapsus de melancolía con nuestro hermano pequeño, es ya una especie de ritual que llevamos a cabo una vez cada varios meses, un reencuentro con nosotros mismos, miembros de la familia que a pesar de vivir bajo el mismo techo, no nos encontramos. Si ya de por si somos diferentes Vitorja y yo, ya con el pequeño es otro mundo.

Compartimos ciertos gustos  musicales, televisivos,  e incluso compartimos la virtud de ser bastante… “frikis”, pero por lo demás, somos 3 universos completamente distintos.


Pasaron las horas y nuestras tareas nos requerían, así que nos pusimos manos  la obra cada uno en sus prioridades. 

Ella ordenando fotos, documentos, incluso las series y películas que teníamos almacenadas.
(Me parece que es un poco maniática…)
Yo me dediqué a  sumergirme en mis fantásticos mundos mentales, mientras diseñaba las armaduras y vestiduras de los futuros caballeros que aparecerían en el juego que me traigo entre manos, y replanteándome mi traje de Carnaval.

Últimamente no tengo aventuras muy exóticas, pero también he de confesar que algunas de ellas todavía no las he relatado.

Mañana tengo todo el día por delante, será una perfecta ocasión para dedicarme de pleno al escrito sobre una excursión que nos montamos a un laberinto el fin de semana pasado.

28 ene. 2012

Alistair

Alistair: el pobre joven, incapaz de superar sus miedos sentimentales hacia Kalehin, sigue creyendo saber la verdad, ya que para él resulta menos doloroso que continuar en la incertidumbre de una respuesta con posibilidades infinitas, de las cuales tiene la firme creencia que ninguna contiene un atisbo de esperanza para su torpe corazón.

En la penumbra donde decide atormentar su alma, va rompiendo el frio silencio la pequeña Layara, siempre alegre y sincera ante sus ojos, que apacigua las dudas que rondan compantes por su mente.
Que afortunado se siente el joven en su dicha cuando ella se pasea burlona a su alrededor, dibujando sonrisas en su rostro con una sencillez maestra, que siempre terminan en sonoras carcajadas. Por ello, queda borrada la presencia de lo que una vez fue Kalehin para él, por que cuando la pequeña joven ronda cerca, se difumina el mundo que los alberga.

¿Y qué puede decir de  su más querida amiga?

Síradis, quien tanto apoyo le ha ofrecido en su vida, siempre con su mano extendida haciéndole sentir pequeño pero querido desde que la conoció. Vio en ella una hermana protectora, más tarde una madre, finalmente un ángel. Le debe prácticamente todo.

Y no se quedan cortas de admiración las fervientes mujeres que lo rodean en sus más aventuradas tardes, frecuentemente en compañía de Inaisa, Serángelin, Neimy e Isvaid (un chico de lo más extrovertido y carismático del cual estaba emprendiendo una amistad)

Alistair, ese joven que siempre había estado solo en las sombras, ahora se encontraba viajando acompañado de seres que hasta ahora habían sido ajenos a él, generando en su interior un odio implacable que ahora se apaciguaba.

Qué alegría poder disfrutar de un don que poca gente tiene, de poder disfrutar de la felicidad.
 Es una frase que visita su cabeza al terminar el día.

Y es que lo único que se interpone entre la felicidad y uno, es uno mismo. Solo necesitas entender que la única persona que realmente puede decidir hacerte sufrir o feliz, eres tú. 

27 ene. 2012

La vida de Alistair: Cambios inesperados


Hoy prometía ser un día de cambios, una mañana tranquila y aburrida, una tarde provechosa y divertida y una noche enigmática.
Lo que no esperaba era levantarme con sucesos raros (y esta vez no eran sueños).
Cansado de que mi madre suplicara que despertara (la cual cosa ella sabía que lo estaba…) por fin escuché el golpe que obligó a la pesada puerta de la entrada a cerrarse haciendo más lejanos los estruendosos pasos que marcaban los finos tacones que llevaba.

¿Quién se calza unos molestos zapatos de tacón para acudir al hospital?

Dispuesto a cerrar los ojos, tras un suspiro para poder relajarme, sonó el teléfono. Acudí raudo maldiciendo el modo en que mi madre se aseguraba que me pusiera en pie, hasta que llegado al salón y teléfono en mano pude comprobar que este seguía timbrando, pero no el que tenía en mano, si no el de la cocina. El teléfono más viejo que teníamos en casa, el único que no indicaba el número marcado.

¿Cómo podía sonar sólo ese teléfono cuando están todos vinculados?

No lo cogí.
Al agarrar el auricular, dejó de molestar.

Me enfundé nuevamente entre las calientes sábanas, pero ya era tarde, estaba desvelado.
Preparé el desayuno, los ingredientes para la comida y me di un corto paseo por la casa.

 Un paseo nostálgico.

El tiempo pasó volando mientras trabajaba en mis cosas y casi a contrarreloj me preparé para mi viaje a lo desconocido. Trazando ideas en un cuaderno viejo, sentí como me transportaba en un abrir y cerrar de ojos. 1 hora de mi vida pasó imperceptible hasta llegar a la parada de destino. Nunca antes había estado en esa zona, y no había tenido tiempo suficiente para memorizar el mapa; me encontraba completamente perdido.
Lo único que sabía a ciencia cierta era la calle, o eso creía

10 minutos buscando la calle, otros 10 buscando el número, un número inexistente. La calle comenzaba por el 6 en los pares, en el 11 en la acera de en frente.

¿Mi destino?  El numero 3.

No tuve más remedio que llamar a la chica para avisarla de que  me encontraba desamparado, solo para descubrir que ni la dirección era correcta.
Retrocedí gracias a que la chiquilla gritó mi nombre desde el balcón de su oficina. En ese instante me sentí como en un cuento. Allí estaba ella, más hermosa que el día en que la conocí, a pesar del horroroso uniforme que vestía.

Pasados ¾ de hora en los que los nervios eran mis dueños, seguíamos los dos sin noticias de Neimy, una amiga que iba a acompañarnos. 
De vuelta a casa, lleno de felicidad por aprovechar la tarde, noté un fuerte nudo en el estomago. No quería volver a casa…

Sin pensármelo dos veces, guardé el cuaderno que me entretenía y bajé en la siguiente estación.
Que cosas tiene la vida, en esa estación vivían actualmente amigos de mi nuevo circulo de intereses.
Picando la curiosidad, desde las yemas de los dedos hasta el centro de mi cerebro, busqué en mi lista de contactos el teléfono de uno de mis confidentes; no esperé muchos tonos, para que me respondiera, y sin apenas mediar un par de frases en escasos segundos, ya nos encontrábamos juntos paseando, y de camino a casa de Neimy para sacarla a dar una vuelta. Esta estaba también acompañada por una de sus amigas de la infancia, ¿Qué mejor que una quedada fuera de planes, con tanta gente a la que no esperabas ver?

La tarde prometía ser mejor aún, y así fue.

Una llamada me hizo volver a la cruda realidad, bien entrada la noche, debía regresar a casa, ya era muy tarde.
Nuevamente, y por enésima vez, me hallaba sentado en uno de los sucios asientos del transporte, cuaderno en mano esperando a que la inspiración hiciese de las suyas poseyendo mis dedos, jugando sobre el papel, y sin darme cuenta, en el trance de la concentración en mirar un papel en blanco escuché el pitido del altavoz. Era mi parada, bienvenido una vez más a casa.

Con tareas pendientes, y pocas ganas de seguir aguantando en pie, pensando que el día no podría dar más de sí, ahí aparece el destino para reírse de mi incredulidad, haciendo que Layara apareciese por la esquina de la pantalla de mi ordenador.
Esta noche también la compartiría a “su lado“ como tantas otras (que siempre son pocas para mí).

Ahora, cansado, agotado, y sin fuerzas para seguir escribiendo, me dispongo a recoger la cama hasta arriba de cosas (no porque sea un chico desordenado, si no  porque a pesar que soy un pelín desordenado, lo reconozco…, necesito disponer de todos los materiales con los que trabajo, a mano).

Mañana será un día intenso, o eso parece, si no surgen cambios inesperados. ;P

21 ene. 2012

La vida de Alistair: Hogar


Me siento tan extraño andando por las calles donde vivo, a pesar de haber nacido y crecido aquí…
 Mi vida comienza fuera de la ciudad…

No importa cuánto tiempo pase en casa, o dé largas caminatas por una ciudad que siempre ha sido mi casa; 4h fueras de sus límites, (de las cuales 1h es trayecto de ida y vuelta) son suficientes para hacerme sentir un extraño en las calles que antes creía conocer desde mis primeros pasos.

Y es que no importa cuánto tiempo pase en esta jaula, “viviendo” una vida, si solo cuando echo a volar encuentro mi hogar.

Estas palabras las escribo deambulando las sombrías calles de una ciudad tan desconocida como desconcertante para mí.

Esta noche me encuentro fuera de lugar, sin rumbo fijo, y no es porque no sepa quién soy, si no porque no se a donde pertenezco.

Pero si hay algo que hoy tenga claro, es que mi dulce hogar se encuentra donde se encuentren mis amigos.

Va por vosotros, mis queridos Ángeles, va por vosotros, las guías que mantienen mi tren encarrilado hacia una ruta sin una estación de parada final, porque sois el faro que alumbra mi camino cuando estoy perdido, la mano que me ayuda a levantarme cuando ya no tengo fuerzas. 

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P.D. Hoy ha sido un día tranquilo, lleno de prisas y retrasos (siempre que algo me importa, no se como, pero consigo llegar tarde) Una buena caminata matutina recorriendo la zona alta, y más tarde el puerto, una comida sencilla con un par de amigas, no ver volar el tiempo obligándome a seguir llegando tarde a los sitios, el trabajo bien terminado, satisfactoriamente, ( subida de nivel en las habilidades que estoy aprendiendo ), planes de ultima hora, planes de anticuario, una noche refrescante, y una gran velada.

Un día sencillo sin aventuras estrepitosas, pero no por ello aburrido. A la espera de un fin de semana non stop.
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19 ene. 2012

La vida de Alistair: Reina de las Hadas


Hoy  te echo de menos, y es que todo me recuerda a ti, mi pequeña reina de las Hadas.
Te fuiste hace mucho, sin decir adiós, pero no te culpo, yo también me hubiese ido si hubiese tenido la oportunidad.

Estaba ordenando la habitación, como de vez en cuando a la semana, y he querido sentarme en la butaca de la abuela, para imaginar que volvías a estar conmigo, y podía abrazarte una vez más mientras miro tus centelleantes ojitos y esa sonrisa que me rompe el corazón.

Hoy vuelvo a notar el vacio que dejaste hace ya tantos años. Todo lo que me esforcé en superar y llenar tu ausencia, hoy se ha volcado contra mí, como el contenido de un armario abarrotado de cosas fuera de sitio.

Tanto me costó recordar tu nombre, y  ahora tan difícil es hacer que se vaya de mi cabeza;  por el contrario intento amarrar las lágrimas dentro, para no hacerte sufrir, no pienses que estoy triste por tu culpa, solo lloro de emoción al recordar tu piel, una piel que no toque, ni tocaré jamás.

Tantos sueños en los que aparecías, mi pequeña reina de las Hadas, tantas cosas que me hacen pensar en ti, aún sin tener el derecho de quererte; tan poco tiempo estuviste en mi mundo, y tanto te he necesitado toda mi vida...

 Me invento que siento que me miras desde donde quiera que te encuentres,  y sonríes y me castigas por mis errores.

 ¿Te molesta que te nombre?
¿Te molesta que te quiera tanto aún cuando no pueda sostener tu mano, siempre más pequeña que la mía?

Creo que no,  porque, tengo que decírtelo una vez más, siempre que tu esencia rodea mi estancia no me siento mal, me siento rodeado de calidez, de ternura y de melancolía.

Hay tantas cosas que me habría encantado enseñarte por primera vez, tantas cosas que te habría contado, secretos desvelados y otros compartidos, nunca podré perdonarme por no poder ser capaz de estar contigo. Ten por seguro o mi pequeña reina de las Hadas que si vuelvo a verte no te dejaré escapar, me pasaré media eternidad abrazándote, y la otra media creando un mundo juntos, momentos que recordar, te haré reír como nunca lo hayas hecho antes, te haré volar, más allá de lo que te hayan permitido tus alas, te daré todo el calor del universo, da igual lo cerca que hayas estado del fuego.

Hoy invades mi cabeza,  como hacía tiempo que no sucedía, ¿Me echas de menos?

 Sabrás que no me gusta prometer cosas que no puedo cumplir, por ello me comprometo en cuerpo y alma y TE PROMETO  que, si algún día puedo volver a tenerte al alcance y te veo, no voy a separarme de ti por voluntad propia suceda lo que suceda, te agarraré fuerte hasta hacerte parte de mi vida.

Mi pequeña reina de las Hadas,

Aún que me cueste decir estas palabras, y solo de pensarlas rompan en mil pedazos mi corazón y se estremezca mi alma:

Te quiero. Desde siempre y para siempre.

Mi Reina de las Hadas.

17 ene. 2012

La vida de Alistair: Sensaciones


Me llamo Alistair, soy un chico como cualquier otro, único y especial en mis cualidades.

¿Prepotencia? No, es intentar venderme bien.

Hoy me he convencido a mi mismo de hacer algo nuevo, de hablarles a los demás sobre mis aventuras. 

¿Cómo he llegado a esa idea?

Es muy sencillo, cada día tiene tan poco que ver con el anterior, y lo sucedido en ellos es tan valorado para mí, que no me gustaría que llegara el día en el que ya no pueda recordar esas historias que me haría tan feliz contarle a alguien que de verdad me importa. Así que, sentado en el banco a  media tarde, esperando a mis amigos, mientras el frio viento recorre las calles, discuto conmigo mismo sobre cuál será la mejor manera de perpetuar todas mis memorias, y armado de valor, llegué a un consenso, voy a ser un Desconocido Conocido.

Un día cualquiera de Enero, me despierto de madrugada, ya cansado de dormir y como norma habitual, miro el reloj solo para comprobar que quedan aún varias horas para poder ver salir el sol. 
Pero fuera de la norma sucede algo extraño, se oye un susurro agudo en la habitación, susurro del que hago caso omiso para volver a cerrar los ojos, y tratar de conciliar el sueño.

-         -   Sácame de aquí – me parece escuchar a medida que entro en el trance inicial. –Ayúdame…
-          - ¿Hola?
-          - Ayuda…

Me  recuesto un poco, para mirar alrededor, no son imaginaciones, de verdad hay una voz en mi cuarto. Desconcertado le sigo la conversación.

-         - ¿En qué puedo ayudarte?
-         -  ¡Sácame de aquí!

Dejó de ser un susurro para resonar por toda la estancia una vocecilla ahogada.

-         -  ¿Dónde estás?
-         - Aquí – insistía la inocente y dulce voz.

“¿Aquí dónde? “Pensé,  pero no le di más vueltas y me levante para rastrar el sonido, a fin de cuentas, mi dormitorio no era tan grande como para perderme.

-         - ¿Dónde estás?- Repetí como cebo para poder escucharlo de nuevo.
-          -Aquí…

No me costó mucho seguir su eco hasta llegar al baúl de los peluches. No cabe ninguna duda, la voz procedía de debajo de la tapa.

-         - Ya estoy aquí. ¿Qué necesitas?
-          - Sácame de aquí – repetía una y otra vez, casi en lágrimas.
-          - Pero de aquí, ¿dónde? no te veo en ninguna parte, dime algo más y podre ayudarte.
-          - Libérame del peluche.

Por fin una respuesta clara. Realmente no sabía si sentirme contento o preocupado, ¡había algo metido dentro de uno de mis peluches! Empecé a ponerme un poco nervioso, mezcla de la emoción y la duda de si ese ser estaba en peligro y podría aguantar mucho más en esa situación.

-         -  ¿En qué peluche estás? ¿Cómo es? Descríbemelo o dame alguna característica, ¡hay muchos! – en mi voz se podía percibir la presión de la situación.

Como si de una grabación reiniciada se tratase, dejé de notar mejoras en las respuestas de la voz:
Ayúdame” insistía una y otra vez, sin importar el que preguntase yo, por lo que decidí empezar a separar peluches, tras explicarle mi plan:

-         - Voy a coger peluches uno por uno, y quiero que me digas en cual estás, así podré sacarte de él y serás libre al fin, ¿entendido?

Tal como dije,  empecé a vaciar el baúl, ya que la voz no respondía nada en claro.

-         -  ¿Estás en este?
-         -  Estoy al lado.
-         -  ¿En este, dices?
-          -  No, al otro lado, al otro lado.

Tras un par de indicaciones más, conseguí hallar el pequeño león amarillo alado donde se encontraba encerrada la aguda e inocente voz.

-         -  ¡¡¡Estoy aquí!!! – Dijo entusiasmada en un tono seguro y fuerte, algo que me hizo sentir un repentino alivio.
-         -  Vale, perfecto… y ahora ¿Cómo te libero? – Parecía mentira, tanto esfuerzo y aún quedaba más de la mitad del trabajo.
-           - Arráncale las plumas, mátalas y déjalas caer desde tu nuca a la espalda, después cuenta hasta 3.

¿Plumas? Pero si no tiene”, razonaba para mis adentros sin prestar atención al cambio de tono de su voz. 

La vocecilla había dejado de ser vocecilla, para ser una voz algo más grave, intensa y parecía denotar una victoria. Por otro lado, empecé a darle vueltas a como poder llevar a cabo su petición, si el peluche solo tenía cosidas unas alas de tela, hasta que se me encendió la bombilla. ¡Et voila! Arrastré las alas con mis dedos desde la costura hasta la punta como si realmente tuviese plumaje, para seguidamente frotar las yemas de mis dedos y espolvorear sobre mí el “polvo” de las plumas machacadas.

-         -  ¿Esto servirá? – dije triunfal.
-   -     ¡NO! Tienes que arrancar por completo las alas, pasártelas por la nuca y la espalda contar hasta 3 y saltar... – Su voz era agitada, impaciente, como cuando uno está cansado de insistirle a alguien en cómo tiene que hacer las cosas y se le termina el tiempo.

Y en un susurro casi imperceptible, no termino ahí la frase, soltó un “ saltar…al vacío ” que mis oídos no percibieron.

-         -  ¿¡QUÉ!? No voy a romper el peluche – dije mientras cogía con fuerzas al león que tanto apreciaba.

Esa acción solo sirvió para notar su presencia tan cerca de mí que un flash cruzó mi mente mostrándome unas imágenes, las imágenes de lo que realmente querían decir aquellas palabras, me mostró el modo en el que debía realizar el ritual que me pedía llevar a cabo.

Me veía yo en tercera persona siguiendo sus indicaciones:

Le arrancaba las alas al peluche del modo más brutal que podía, a la vez que en mi imaginación el león permanencia descabezado, pero del agujero no brotaba algodón, era algo mucho más grotesco, aplastaba sus alas con las manos, frotándolas con locura, me bañaba la espalda con su plumaje destrozado, me avanzaba hacia un abismo, el cielo era un mar agitado de nubes color ceniza, y contaba desde lo más profundo de mi alma:

1…

2…

3…

Daba un paso al frente para saltar literalmente al vacio.

¡QUIERE MATARME!

-         -  ¡No voy a hacerte caso! Estás loco, no sé quién eres ni que haces aquí  pero no pienso liberarte, has estado tratando de engañarme – Me levanté de golpe, con enfado agarrando fuertemente el peluche como si fuera a escaparse de entre mis manos.
-          - ¡Sácame de aquí ahora mismo! ¡LIBERAME! – Con voz muy furiosa, trataba de luchar contra mí, se convirtió en algo, sombrío.

Perdí la noción del tiempo, tampoco me importaba. Con las manos firmes y los ojos clavados en el pequeño y mancillado león, salí disparado de la habitación, recorriendo a pasos agigantados el estrecho pasillo que comunicaba todas las habitaciones de la casa, y sin saber cómo, abrí las puertas que mantenían cerrado el balcón.

El cielo era rojizo, aún no había salido el sol, solo era su luz la que pintaba el lienzo tan cálidamente, una obra maestra que sin lugar a dudas me hubiese gustado poder admirar aquella fría mañana, pero no podía, tenía algo entre manos.

Buscando el cesto de las pinzas, descartando planes absurdos y brillantes sobre como poder librarme de aquel endemoniado ser, no dudé en atarlo como pude, liándolo en las cuerdas del tendedero, asegurándolo con las pinzas de madera de la ropa.

Por si solo no puede hacer nada, esto me dará tiempo mientras encuentro un modo mejor de librarme de él

Me decía mi mente convencida, por encima de las maldiciones que me profería el peluche con un aura liliácea. Satisfecho entré nuevamente en casa, dispuesto a saludar a mi madre, que en el proceso ya se había levantado y como cada mañana, allí estaba ella, fregando los platos para poder desayunar despreocupada.

-         -  Buenos días madre
-         -  Buenos días, que pronto te has levantado hoy.

Todas las luces de la casa estaban encendidas, eso era extraño, pero después de mi triunfo con la voz interior del león, no me preocupó. Le expliqué lo sucedido a mi madre, ya que ella entendía mucho sobre este tipo de sucesos, y porque no decirlo, ya nos había “salvado” de algún que otro desafortunado encuentro.

Para mi sorpresa, no me izo bastante caso, y decidí no insistir, total, estaba todo bajo control.
Preparé las cosas para darme una buena y relajante ducha, hasta que en uno de los viajes que me di por el pasillo, noté algo extraño, un impulso instintivo que me obligó a abrir la puerta que daba al dormitorio de mi hermano pequeño.

Allí estaba él, en la cama, como era de esperarse, con la luz apagada. Se sentó sobre la cama, me miró y volvió a tumbarse, todo pasó muy deprisa y cuando me miró note una sonrisa punzante que me atravesaba el corazón. Sin pensarlo dos veces corrí hasta el balcón.

Algo no está bien, algo no está para nada bien…

Abrí las puertas del balcón y busqué con la mirada el peluche, ese peluche que no estaba.

MI CUARTO TENÍA AÚN LA LUZ APAGADA

Abriendo la puerta como si de una redada del FBI se tratase le dí al interruptor de la luz sin la esperanza de que se encendiera la bombilla, pero para mi sorpresa, la bombilla prendió. Había luz.
Rebusqué aquel pequeño león amarillo, sin éxito, solo para que en ese entonces mi mente me gritase desesperadamente: 

“¡¡¡¡ ESTÁ EN EL DORMITORIO DE MI HERMANO, ESTÁ CON MI HERMANO!!!! “

No conseguí abrir la puerta, por más fuerte que tirase del pomo, no cabía duda, allí tenía que estar ese diablo. Le propiné una buena patada a la puerta al más puro estilo televisivo, la puerta cedió ante la brutalidad de mi acción, y por desgracia mi cabeza no se equivocaba, allí estaba él, pero no dentro del peluche… ¡Ahora se alojaba dentro de mi hermano!

Traté de encender la luz varias veces, todas en vano, por lo que agarrando el pomo, cerré la puerta de un portazo, tratando de atrancarla, como si eso fuese a servir de algo.

Me dirigí de inmediato a mi madre, para desconsolada y sofocadamente contarle las nuevas noticias de lo sucedido. Dejó todo lo que estaba haciendo y salió escopeteada hacia mi hermano, quedándome yo quieto en medio de ninguna parte, todo se había tornado oscuro, incluso mi expresión, y una única frase retumbó en el silencio:

-         -" Por mi no te has movido, como si fuese una divertida historia inventada, pero por mi hermano eres capaz de dejarlo todo e inmolarte al peligro como si no hubiese mañana…"

Abrí los ojos, para encontrarme tumbado en la cama, miré nuevamente el reloj, solo para comprobar que aún quedaban varias horas para ver salir el sol.

-          - Que sueño más extraño… aún tengo la sensación de que realmente ha sucedido…

Me quedé pensando varios minutos, tal vez pasó una hora, y dejando de lado el mal estar que tenia por dentro, saqué en claro una conclusión que me ayudó a levantarme ese día.

-         -  He encontrado la fuerza para enfrentarme a mis problemas, he sabido decirle que no a la muerte, he rechazado la idea de suicidio. Hoy he crecido un poco más.

8 ene. 2012

Hacia adelante


He encontrado la Sabiduría, la Fuerza y el Valor.
Renaceré de mis cenizas, no como fénix si no como halcón.
Surcaré los cielos y caeré en picado sobre mi presa,
Que no será más que mi próxima meta,
Que me haga evolucionar a mi nuevo yo,
 Un ser más completo, elocuente y mejor.
Ahora tengo los recursos para SUPERAR el pasado
Y  NO pienso OLVIDAR lo de ayer o lo de antaño,
Que hoy me hace querer aprender
Como dar un paso al frente, SIN RETROCEDER!

No llores mí perdida,
Me volverás a conocer
Desde cero esta vez
Haré las cosas de forma correcta
Paso a paso, y has de saber,
Que no cambiaré mi forma de ser,
Esta vez, simplemente,
No me voy a esconder.

4 ene. 2012

Crónicas - Poemas cortos

I. Historia soñada 

Hoy he soñado
 que estaba siempre a tu lado
Y tú de mi, querías a cada instante un abrazo,
Un beso, una mirada, una caricia, y cogías mi mano.
Yo, con tal de verte un rato más
Me quedé tumbada, para no despertar
Viviendo un sueño, que no quería terminar.

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II. En la distancia

¿Que sería capaz de dar sin recibir por estar a tu lado?
Daría la vida
La vida que se me apaga cuando te alejas.
Obsesión…
Dulce obsesión
Me mata por dentro la idea de alejarte por acercarme,
Por ello te alejo alejándome.
Corto  las emociones por dejar congelado un sentimiento
El cual jamás se repetirá, aunque aparezcan nuevos.
Quiéreme como ahora
Y mi alma te acompañará por siempre
Quiéreme como ahora
Y seré para ti, fiel sirviente.
Pero no me olvides,
Pues tu recuerdo,
Es el que me mantiene con vida
Pero no me olvides
Si me olvidas,
No existo,
Si me olvidas,
Muero,
Si me olvidas…

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III. Atardecer

Te miro y a pesar del calor,
Veo en ti la hermosura de mi interior,
Tornas el cielo de un vivo color
Y es el rojo que me da vida,
Que tras llenar mi pecho con tu esencia,
Derramo una lágrima de despedida,
Y en mi rostro dibujas la sonrisa
que saluda la fría noche con la luna vestida.

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IV. Hacia un final

Hay frases que han empezado a perder su fuerza
No es que haya dejado de creer en ti
Es que a lo mejor hay cosas que debo dejar pasar
Sentimientos que nunca debieron pasar de aquí
Una línea imaginaria inexistente y jamás dicha
Una línea de amistad que salte de improvisto 
y no me arrepentí.

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V. Todo

Todas las palabras están ya inventadas
Todos los sentimientos ya dichos
Todas las miradas ya se han perdido en el tiempo
Todos los suspiros que te nombraban,
   dieron la vuelta al mundo
Todas las lágrimas ya han sido derramadas
Todos los recuerdos sobre ti se han olvidado
Todas las caricias, dadas
Todos los besos, disecados
Todas las ilusiones esparcidas en mil pedazos
Todo ha quedado en el pasado
En una tonalidad gris
Quiero despertar de esta pesadilla
Que no me deja vivir
Y quiero hacerlo a tu lado
Para por lo menos, morir feliz.
 
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VI. Último adiós 

Ahora los ojos deseo cerrar,
No pretendo mirar, no pretendo escuchar
Ni tan siquiera hablar, y menos pretendo tocar.
Dejaré que mi alma, ahora tranquila y sola, eche a volar
El cuerpo tendido sobre espinas, no necesito respirar
Sigo notando en mi pecho el palpitar
El corazón en pena, roto y herido comienza a sangrar
Un último suspiro espero exhalar.

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VII. Ya es tarde

Clavado tu reflejo en mi memoria

Duele más tenerte cerca y sentirte lejos,
que tenerte lejos y sentirte cerca.

Falsas ilusiones creadas de un tiempo que no recuperare jamás
a tu lado no volveré a estar.
Trato de olvidar lo que siento y desconozco cuán grande es la herida
pues ni aunque me olvides podré culparte
ni aunque me mates podré odiarte
ni aunque me ames podré estar a tu lado,
porque serás solo un sueño...

Una vez te tuve y te deje escapar
cometí un error que al amor no dejó madurar
el tiempo dejé pasar
ahora que vuelvo a verte,  para mí no estás
te veo alejarte en brazos de otra una vez más
extiendo mi brazo buscándote en la oscuridad
otra vez es tarde... no te puedo alcanzar.